Cuando la grieta llega al entorno familiar

Editorial 12 de agosto de 2019
Si bien históricamente ha habido discrepancias a la hora de las preferencias ideológico-partidarias, en estos últimos años en la Argentina, no se vio la ansiada meta de la unidad. Lejos de ésto, la grieta social se intensificó y llegó hasta el círculo íntimo de cada familia. La promesa es "Se acabó la grieta", pero..¿Realmente es lo que pasa?
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Cuando la grieta llega al entorno familiar

Almuerzos que terminan en peleas, diferencias entre amigos, y hasta temas "que no deben tocarse en una comida" se han transformado en un clásico en el círculo íntimo de cada familia argentina. Aquella grieta que comenzó a vivirse cada vez más fuerte con el paso de los años, y que muchos politólogos le ponían fecha de vencimiento a partir del 2015, al parecer, lejos de minimizarse, se acrecentó; y hoy se vive a diario entre los afectos. 

¿Es bueno o malo para la democracia?

"Mientras que nos respetemos entre todos y podamos debatir está todo más que bien ¿porqué no podríamos hablar de política?", dice Juan Carlos, e insiste que él entiende ésto como un crecimiento importante para la democracia; a la vez que explica: "En mi casa somos cuatro y todos votamos diferente".

Sin embargo, no es tan fácil lograr ese "debate" en el círculo familiar, es decir...no siempre termina de la mejor manera. Y hay muchos ejemplos de eso. 

Luego del cachetazo que significaron las PASO para el gobierno nacional, rápidamente el candidato del Frente de Todos, salió a decir "se acabó la grieta", justamente todo lo contrario a lo que hoy por hoy pasa en cada café, en la calle, y en las redes sociales, el epicentro de los debates obtusos, donde paradójicamente buena parte de los dirigentes son los encargados de manifestar su amor/odio ante los resultados. 

Para el psicólogo y periodista, Lucas Di Marco, todo lo que pasa "es malo obviamente", y en diálogo con Mi Valle, explica desde el estudio de las conductas, qué nos pasa como sociedad: 

"Desde el punto de vista de las polaridades, una parte de la gente rechaza de sí mismo lo que quiere eliminar, es decir intenta hacer desaparecer eso a través de vencer, humillar, desprestigiar  a otro. Se le endilga una etiqueta como por ejemplo "villero" "choriplanero" "gorilla" etc, cuando en realidad lo que está haciendo es hablar de una parte de sí mismo que no quiere aceptar, y la proyecta en el otro. Lograr la salud mental sería integrar esas partes que son rechazadas, todo ese odio que proyectamos en el otro, si lo miramos socialmente sería la otra parte de la grieta. No integrar, sino mantener dividida la sociedad, mantener la grieta pone a la persona en una posición neurótica. Eso le quita energía y le quita posibilidades. Llevado al plano social,  rechazar, vencer al otro en las urnas y creer que con eso dejó de existir o se murió esa parte que no queremos, es cómo rechazar una parte nuestra creer que una parte nuestra que no nos gusta la podemos hacer como que no existe más, negarlo y correrlo,  obviamente que trae malos diagnósticos y los malos diagnósticos son fuentes de problemas permanentes porque uno no está caminando sobre terreno sólido sino que está caminando sobre arenas movedizas", reflexionó. 


Y por otra parte, agregó: "Deberíamos integrar al otro, aceptar que "gané" o "perdí" pero no sacar los pies del plato, ya que el otro me hace falta porque me define, me ayuda a entender mis límites, porque  es una competencia que me permite mejorar,  que me permite saber cómo me ven desde afuera, que me permite convertirme, en mi propia forma de concebir la sociedad, me mejora. Tengo que saber que hay alguien que tiene otra visión, negarlo o rechazarlo es caminar con un solo ojo, con la mitad de las posibilidades. Todo ésto llevado al plano de la familia genera diferencias y discusiones muy grandes porque obviamente no todos los pensamientos son unívocos y se puede generar esta idea de eliminar el pensamiento contrario de rechazarlo, lo que termina en conflictos que quizás no tocan la parte racional sino que están en el contenido, en la psicología sistémica. Se ve muy bien todo ésto en la propaganda política, que tiene más que ver con lo emocional que con lo conceptual.

"Nunca es bueno que pasen este tipo de cosas, si es bueno fomentar que haya ideas distintas, pero aceptando al otro, aceptando que el otro que es mi hermano, mi papá, mí pareja, osea, mi familiar pueda tener una posición totalmente distinta a la mía y en base a eso ser parte de un grupo; así como la sociedad tiene que aceptar al que piensa distinto para no caminar a medias con una sola pierna y con un solo ojo, la familia también", finalizó. 

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