Las mujeres, otra vez al margen de las definiciones

Política 10 de febrero de 2019
La discusión por las candidaturas, tanto en la Provincia como en la Municipalidad de Córdoba, está dominada por hombres. En 36 años de democracia sólo hubo una vicegobernadora. Y de las 17 ciudades más grandes, el 80 por ciento nunca tuvo una intendenta.

El año 2018 estuvo marcado por el protagonismo de las luchas feministas. Este fenómeno histórico, tanto en la Argentina como a nivel mundial, aún no se ve reflejado en la oferta de candidatas de cara al año electoral que ya empezó. Todavía, y por el momento, los lugares más expectables siguen reservados para los hombres.

En 36 años de democracia, el cargo electivo más alto que ocupó una mujer en la provincia de Córdoba fue el de vicegobernadora: Alicia Pregno, cuando acompañó a José Manuel de la Sota.

En las nueve elecciones provinciales que se sucedieron del ’83 a esta parte, a las boletas para llegar a la Casa de Gobierno, en su amplísima mayoría, siempre las encabezaron hombres. En este turno electoral, si bien las fórmulas no están definidas, los núcleos de poder siguen siendo masculinos, principalmente, en los partidos mayoritarios.

¿Serán mujeres las que acompañarán en la fórmula a Juan Schiaretti, a Ramón Mestre o a Mario Negri? ¿Quién secundará en la boleta de Unión por Córdoba (UPC) a Martín Llaryora, cuando finalmente oficialice su candidatura? ¿En la Capital, Cambiemos buscará una fórmula mixta una vez que resuelva su interna? ¿Qué pasa en el resto de los partidos con las mujeres?

En Córdoba, las mujeres sólo gobiernan 60 de los 427 municipios. Son el 14 por ciento de las municipalidades y comunas de la provincia. El promedio está dos puntos por encima de la media nacional, que es del 11,7 por ciento, según un estudio de la Universidad Austral.

Sin embargo, de las 17 ciudades más grandes de la provincia, el 80 por ciento nunca tuvo una mujer al frente del Ejecutivo, según señala un relevamiento de la Universidad Siglo 21.

A pesar de que estamos atravesando lo que se denomina la cuarta oleada feminista, y de que 2018 fue un año protagonizado por la lucha en pos del reconocimiento a los derechos de las mujeres (contra la violencia de género y a favor del aborto legal), este movimiento no se vuelca aún en las fórmulas provinciales y capitalinas.

Entre las anotadas por competir por el Panal, Liliana Olivero por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) sería la mujer con más chances de encabezar la lista de su espacio. También Luciana Echevarría del MST había manifestado su voluntad de presentarse como candidata a gobernadora en las elecciones provinciales. Las intenciones de Laura Rodríguez Machado de competir por Cambiemos se quedaron en el camino, aunque suena con fuerza como compañera de fórmula de Mestre en la interna.

En la Municipalidad, Liliana Montero ya se lanzó por su cuenta. Olga Riutort casi con seguridad estará dentro del menú de ofertas, ya sea dentro del PJ o con algún otro aliado. Laura Sesma es la otra anotada en la disputa por acceder al Palacio 6 de Julio. Y en Cambiemos, la candidatura de Soher El Sukaria quedó opacada detrás de la pelea de fondo de la interna y de otros nombres, de hombres que generan más expectativa electoral.

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La razón principal de este déficit de mujeres en los espacios de poder es la misma que explica su falta en el resto de la sociedad: los paradigmas culturales.

“La política no escapa de las generales que imperan en la sociedad. Hay que cambiar pautas culturales que no se cambian de un día para el otro. Los partidos políticos son parte de la situación general que vivimos las mujeres de falta de visibilidad. Se ha avanzado, pero aún falta muchísimo en la participación. Esta situación tiene años de inequidad. Se necesita un cambio cultural no sólo de la política”, señala la diputada Alejandra Vigo, de Córdoba Federal.

La inclusión es una materia aún en proceso en los partidos políticos, que en muchos casos hace poco tiempo que comenzaron a tomar nota de la demanda política de las mujeres.

“Ha habido un cambio de paradigma. Antes íbamos desde los partidos políticos a los movimientos para decirles lo que pensaba el partido. A partir del año pasado, eso se dio vuelta y vamos desde los movimientos de mujeres a decirles a los partidos políticos lo que queremos hacer”, apunta la legisladora Liliana Montero.

Para la diputada nacional por el radicalismo Brenda Austin la igualdad no necesariamente es sinónimo de empoderamiento y los partidos deben “generar estrategias para permitir y fomentar la participación de las mujeres y darles visibilidad e incentivar este cambio, que es parte de un cambio generacional” .

“Quizás la sociedad está cambiando más rápido de lo que los partidos están preparados a aceptar. Creo que los partidos todavía se esfuerzan para acompañar ese cambio social ”, agrega.

Por su parte, Olga Riutort asegura que la participación de las mujeres en política aumentó en los últimos años. “Pero sigue existiendo una resistencia al acceso de la mujer al poder como cosa natural. Si no es con lucha, no se da el acceso de las mujeres”, enfatiza.

La excepción a las trabas de la participación de la mujer en la política parece encontrarse en los partidos de izquierda. Según Olivero, la referente histórica del trotskismo en Córdoba, la izquierda siempre incorporó a las mujeres en su programa.

“Dentro de mi partido el lugar de la mujer siempre ha sido cómodo. No hemos tenido que apelar a leyes de cupo como el radicalismo o el PJ. En la izquierda, en general, hemos podido demostrar todo lo contrario a lo que ocurre en los partidos tradicionales” dice.

Olivero tiene una visión a contramano de lo que piensan otras políticas sobre el cupo. Asegura que perjudica a su partido por la amplia participación femenina que posee. “El 70 por ciento de los diputados del FIT son mujeres”, afirma.

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“Los espacios se ocupan” reza una máxima no escrita de la política. Sin embargo, los atributos del poder, como la fuerza física y su ejercicio, están asociados al hombre. “El poder y su lenguaje todavía tienen una lógica masculina. Las mujeres tuvimos que pelear los espacios”, señala Vigo.

En algunos casos, las mujeres tienden a hacerse del poder de forma masculina. Pero ¿hay una forma de ejercer el poder femenino?

“Hay dinámicas distintas. El proceso que vivimos el año pasado en el Congreso con un grupo de diputadas de diferentes bloques mostró algo distinto a la forma en que se consiguen los acuerdos entre los partidos. Está claro que hay otros modos”, señala Austin.

“En el viejo paradigma, el ejercicio del poder es masculino. Ese modo de hacer política nos llevó a masculinizarnos y a ocultar nuestras características femeninas. En lugar de ir con una falda a reuniones, nos cambiamos para ir con pantalones”, dice Montero.

Las críticas a la ley de cupo señalan que el acceso debe ser por mérito. Pero en la mayoría de los casos, las mujeres tienen más pergaminos académicos que los hombres. A pesar de eso, siguen estando relegadas de las listas.

“El poder está en manos de los hombres, si te alcanzan los dedos de la mano para contar a las mujeres, es que la política no es igualitaria”, describe Riutort.

Fuente: La Voz del Interior

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