Fernando Cantarini, entre Despeñaderos, Alta Gracia y Estados Unidos

Deportes 31 de diciembre de 2018
Se trata del ex volante de Belgrano. Hoy es entrenador de Alianza de Despeñaderos, que busca el ascenso en la Liga de Río Tercero. Pero, además, desde hace un par de meses dirige en Alta Gracia, su ciudad, el Centro de Alto Rendimiento para Futbolistas.
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Fernando Cantarini, entre Despeñaderos, Alta Gracia y Estados Unidos

Fernando Gabriel Cantarini está asociado a muy buenos recuerdos en Belgrano. Recuerdos de una época en la que el Pirata tuvo un poder hegemónico en la Liga Cordobesa (por entonces Asociación Cordobesa de Fútbol) y que había vuelto a los Nacionales para pelearlos de igual a igual con los grandes.

Fue parte de aquel equipo de Victorio Cocco que estuvo 39 partidos invicto en la temporada 1984-1985, aunque antes de eso se destacó en Universitario y, después, inició un periplo por las ligas del interior provincial en las que fue recolectando títulos.

Hoy es entrenador de Alianza de Despeñaderos, que busca el ascenso en la Liga de Río Tercero. Pero, además, desde hace un par de meses dirige en Alta Gracia, su ciudad, el Centro de Alto Rendimiento para Futbolistas, que incluye escuela de fútbol para niños y capacitación para adultos. Y de vez en cuando se le anima al micrófono para comentar los partidos, como supo hacerlo para Radio Sierras en algunos partidos que la “B” disputó en Alberdi.

Muchos lo recuerdan por su tranco largo y elegante en un mediocampo repleto de figuras. Aquel Belgrano tenía a Juan Manuel Ramos, Pablo Comelles, Luis Galván, Juan Andrés Torletti, Jorge Gáspari, Miguel Ludueña, Raúl Chaparro, Emilio Delgado y “el Chupete” Guerini… Además de una camada de jóvenes llamados a encabezar un recambio generacional que haría historia: Julio Villagra, Germán Martellotto, Abel Darío Blasón, José Luis Leyva, Ariel Ramonda, Luis Scatolaro y varios más… Un lujo.

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“Fueron grandes planteles. Ese Belgrano de 1984 y 1985 estuvo 39 partidos oficiales invicto. Y hubieran sido 41 si contamos los amistosos con Racing de Córdoba y River. Nos cortó la racha Alumni, en Villa María, una noche en la que no cabía un alfiler en la Plaza Ocampo. Ya habíamos salido campeones un par de fechas antes, pero nos quedamos con las ganas de superar el invicto de Racing, que en ese momento era récord mundial”, recordó. Fue un momento en el que no había equivalencia entre Belgrano y sus rivales de la provincia, después de que Talleres, Instituto y Racing quedaran afectados a las competencias de AFA.

Pero la carrera de Cantarini empezó mucho antes: “Tenía 15 años cuando llegué a Universitario. Estuve apenas un mes en inferiores y, como el descenso era cosa juzgada, el técnico “Polo” Toledo me subió a la primera. Me acuerdo que debuté contra un Talleres lleno de figuras nacionales, en cancha de Las Palmas, allá por 1979. Estuvimos un año en la “B”, pero ascendimos con Pedro Marchetta como DT, en el ’81. Después tuve mi primer paso por Belgrano, gracias al ‘Pucho’ Arraigada. Pero volví a la ‘U’ en el ’83 para jugar en un equipazo, con ‘el Loco’ Camino, Miño, Antúnez, Pedraza, Ferrando y ‘Palito’ Correa como técnico. Llegamos a la final con Belgrano. Inolvidable”.

Belgrano volvió a reclutarlo para ser campeón de Córdoba y jugar el Nacional ‘84. Y se armó un equipo con pretensiones, a partir de los regresos de Guerini, “la Pepona” Reinaldi y Miguel Batalla, además del aporte jerarquizado de Galván, que durante casi dos años se puso la celeste, pese a ser uno de los máximos referentes de la “T”.

Aquel equipo bien pudo darle a Córdoba el título de campeón de Primera que sigue siendo esquivo. Al menos, tenía con qué. Ganó su grupo, superando claramente a Vélez, Rosario Central y Central Norte de Salta; se sacó de encima a Atlético Tucumán y, en cuartos de final, le tocó un River de transición, sin el poderío futbolístico que, poco después, sería furor. Sin embargo, algo pasó para torcer la suerte de aquel equipo celeste. El rumor habla de una pelea por los premios, en la concentración previa al partido de ida, que los hizo salir a jugar con la cabeza en otra parte. Pero Cantarini es un tipo de códigos y prefiere guardar silencio. Apenas se anima a esbozar que “hubo cosas que no correspondían a lo futbolístico”. Y lo lamenta porque cree que Belgrano tenía todo para seguir en carrera. El 0-4 en el Chateau fue lapidario. Ni siquiera alcanzó con la victoria celeste en la revancha, por 2 a 0, en el Monumental.

Después vendría otra gran campaña en el provincial, el largo invicto y el Nacional del ’85 (el último de la historia), en el que Belgrano estuvo lejos del protagonismo que había conseguido un año antes.

El derrotero de Cantarini lo llevó a Ñuñorco de Tucumán, Atlético de Leones, Argentino de Marcos Juárez, Sarmiento de Leones, Argentino de Monte Buey y Bella Vista, donde lo dirigió un prócer de Alberdi: “Tito” Cuellar.

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“Tuve la suerte de integrar planteles muy buenos y de haber sumado 12 títulos en mi trayectoria. Colgué los botines en el ’97… Ya tenía casi 38 años y me llevaba como 15 días recuperarme de un partido. Juventud Agraria de Corralito fue mi último equipo, con el que fuimos campeones tres años de la Liga de Río Tercero, junto a la “Tota” Medina y un montón de cracks”, rememora.

Varios años antes, Cantarini ya se había preparado para ese momento. Había formado escuelas de fútbol en Alta Gracia y no tardó en culminar el curso de Director Técnico de ATFA, en una camada que también incluía a Martellotto, Juan José Urruti, Ernesto Corti y Germán Panichelli.

El equipo que empató 1-1 con Vélez, en Liniers, por el Nacional de 1984: Jorge Gáspari, Pablo Comelles, Osvaldo Mazo, Ángel Leroyer, Miguel Ludueña, Fernando Cantarini y Juan Manuel Ramos (arriba); Miguel Batalla, José Luis Leyva, Luis Galván y Juan Andrés Torletti (abajo). El DT era Victorio Cocco.Hasta que le llegó una oportunidad impensada: enseñar fútbol en Estados Unidos. “Un vecino de Alta Gracia, que estaba radicado allá y había vuelto para capacitarse conmigo, me convenció de ir a dar algunas clínicas de fútbol a West Palm (al sur de Florida). Apenas tenía una visa de turista, por lo que fue una experiencia acotada, pero muy productiva”, evaluó.

Asegura que “allá es distinto”. Y lo justifica: “De cada 10 chicos que dirigía, seis eran nenas y cuatro varones. Las mujeres practican mucho más el soccer. Las diferencias con Argentina son enormes en todo sentido. En presupuesto, a favor de ellos; pero el talento innato está en Sudamérica”.

Estando en el país del norte, Cantarini se enteró de que había estado muy cerca de ser jugador de Boca: “Me tocó conocer a un ex preparador físico de Boca, Rodolfo Rodríguez, que trabajaba con Dino Sani a mediados de los ’80. En aquella época, Belgrano había sido invitado por Boca a la reinauguración de la Bombonera. Jugamos un partido y Sani le pidió a la dirigencia cuatro jugadores de Belgrano. Rodríguez me contó que yo era uno de ellos. Pero apareció en el medio la empresa Puma y se hizo cargo de los refuerzos, que fueron otros. Por eso Dino Sani renunció como DT”.

Su carrera como técnico lo llevó por Deportivo Norte de su ciudad (consiguió dos ascensos en serie), Juventud Agraria de Corralito y 9 de Julio de Río Tercero. Recientemente, renovó su contrato para 2019 con Alianza de Despeñaderos, después de quedar muy cerca del ascenso este año.

“Es muy complicado que los clubes cordobeses que están jugando en AFA se fijen en los técnicos de acá. El dirigente no cree en nuestra formación. Con Julio Constantín fuimos compañeros. Él fue ayudante de (Ricardo) Zielinski, fue campeón de inferiores con su categoría y es sumamente capaz, pero no tiene la oportunidad. Pasa lo mismo que con los pibes de inferiores: es tanta la presión que los dirigentes prefieren perder con jugadores conocidos que con chicos formados en el club. Con los DT pasa lo mismo: se la juegan por los de afuera”, reflexionó sin ocultar cierto fastidio.

Lo cierto es que Cantarini sigue respirando fútbol, cerca del pago y de su gente. Aquel tranco largo, no exento de sacrificio, quedó en el recuerdo. Eso sí: mantiene la calma del que está cómodo, pero igualmente espera. Porque en el fútbol nunca se deja de crecer.

Fuente: MundoD

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