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Luis, mejor alumno que Juan en la clase de José Manuel

Gracias a la estrategia bien aprendida del ahora candidato y la falta de olfato del gobernador, hoy Córdoba rumbea hacia una nueva realidad con destino fuera del peronismo.

Editorial

“Cuando un gobierno dura mucho tiempo se descompone poco a poco y sin notarlo” Montesquieu        

Casi como un mantra los fundadores de Unión por Córdoba recuerdan cada vez que desean invocar la épica que “el Gallego ganó la tercera vez que se presentó y tuvo que batallar bastante”. Claro que no solo la persistencia hizo que el 20 de diciembre de 1998 José Manuel De la Sota sea el primer gobernador peronista en Córdoba desde Obregón Cano en 1973, sino un acuerdo con la derecha cordobesa, llevando a Germán Kammerath como vice, intimo amigo del por aquel entonces presidente Carlos Saul Menem y afiliado a la UCEDE, el partido conservador liderado por Álvaro Alsogaray.

Tranquilamente podemos representar a un aplicado Juez, haciendo un repaso de su vida política y recordar que fue Intendente de la Ciudad Capital en periodo 2003 al 2007, el momento del Que Se Vayan Todos, capitalizando una avanzada progresista representada por caras visibles que enfrentaban al Status Quo del momento. Apadrinado por un creciente Néstor Kirchner, supo concentrar un gran electorado, que fue perdiendo con el paso de los años, cuando las turbulencias de la crisis del 2001 se fueron apagando y Córdoba volvía lentamente a la centro derecha. 

Sus aliados por ese entonces, habían respaldado el triunfo electoral de Juan Schiaretti, por escaso margen de 1.1 % en el 2007, épocas en que el Gringo cerraba la campaña en Córdoba con la presencia de Cristina Fernández.

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Esa alianza que José Manuel, había plasmado con el centro derecha volvió a rendir su fruto y sostuvo alternadamente con Juan, una dinastía de 23 años hasta hoy.

Pero el alumno aprendió, entendió que masivamente el voto mediterráneo va por el centro pisando la vereda de la derecha, que su arremetida progresista había sido solo un ventarrón de época y que, si quería cumplir su sueño, ser gobernador a cualquier precio, debería empezar a seducir a una corriente política provincial que le era esquiva.

El educando mostró constancia, se sumergió en un campo hostil, ganó su confianza, se hizo lugar a los codazos, (bien a su estilo) y logró posicionares en el pilar electoral que hasta ahora Hacemos por Córdoba sentía cautivo, encontró en Juntos Por El Cambio un representante mas genuino de su clase. 

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Es así que Luisito, aprendió como nadie del profe José Manuel que para comenzar a imponer su liderazgo, debía enamorar a las expresiones conservadoras planteando un nuevo panorama. Lo cierto es que esa fue una excelente estrategia para De la Sota en aquel momento, una estrategia que utilizó muy bien en las urnas, aunque su esencia e impronta seguía siendo peronista. 

Juan, en cambio, fue ganando terreno en esta avanzada de jugar solo con la derecha hasta pintarse incluso de color amarillo. Su esencia se fue perdiendo transformándose en una alianza política más que estrategia de campaña, y de esta manera  vino jugando solo en Córdoba. Pero como todo político acostumbrado a ganar, dejó de oler la derrota y perdió tanto el olfato que sin querer ayudó a construir victorias ajenas.

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