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Fragilidad de convicciones y burbuja

Desde hace días se está viviendo en la política de la ciudad de Alta Gracia una maratón de propuestas cuasi demagógicas que nada tienen que ver con la institución a la que cada uno de los actores dice representar.

Editorial 13 de septiembre de 2018
burbuja

Cuando la cosa pasa por parecer, y no ser...inevitablemente el resultado se complica. Desde hace días se está viviendo en la política de la ciudad de Alta Gracia una maratón de propuestas cuasi demagógicas que nada tienen que ver con la institución a la que cada uno de los actores dice representar.

El primero que disparó fue el concejal de la UCR Roberto Brunengo:  “Que ese dinero vaya destinado a la compra de alimentos de los merenderos de Alta Gracia”, dijo, cuando pidió al Ejecutivo renunciar al último aumento que lo acercaba a los 90 mil pesos mensuales.

Le siguió, en cuestión de horas, nada más ni nada menos que el viceintendente de la ciudad (y presidente del Concejo Deliberante) Juan Manuel Saieg: “Aquellos funcionarios que tengan una actividad por fuera de la función pública deberían cobrar el 50% porque entendemos que el sueldo que se cobra en la función pública es un muy buen sueldo y está concebido para que se ejerza de manera exclusiva” ¡Bingo! El segundo mandatario más importante de la ciudad sin dudas, redoblaba la apuesta.

Pero eso no fue todo...cuando la tinta del escrito de Saieg todavía estaba fresca, un Secretario -que históricamente estuvo enfrentado con él- Roberto Urreta, tiró la bomba que faltaba: “Concejales y viceintendente no deberían cobrar sueldo alguno”. Sin dudas, era la frutilla que le faltaba al postre para terminar de confirmar que Discépolo sigue viviendo entre nosotros... con su “Cambalache”.

Muchos seguramente querían escuchar que los dirigentes -del partido que sea- tuvieran un acto de humildad y desapego, pero no de oportunismo, claro. Y mucho menos de una decisión tomada con el único propósito de ver correr sangre del otro lado. Tomada entre acuerdos pactados por debajo de la mesa y rencores que todavía duran desde la elección de 2015.

En la burbuja, muchos de los que participan de este cruce de propuestas seguramente piensan que ganaron una pulseada; el resto, los 45 o 50 mil habitantes que, por fortuna, no traspasa ese límite, ni siquiera se enteró que algunos de los representantes elegidos por el pueblo están rozando el ridículo una vez más.

Faltan algunos meses para las elecciones. La alianza Cambiemos, aún no es alianza, no tiene candidatos y los pocos referentes que aún mantienen la cabeza en alto están disputándose las sillas que creen estarán vacías en 2019. UPC, por su parte, continúa trabajando en bloque, pero solo hacia afuera. Para adentro las diferencias están cada vez más marcadas.

Foto ilustrativa

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