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"De la infancia desventurada"

El periodista Gerardo Aquim, hace una profunda reflexión sobre el Día de la Infancia.

Editorial 16 de agosto de 2020
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"De la infancia desventurada"

En 1900, la escritora sueca Ellen Key aseveró, para escándalo de pedagogos, que la centuria pasada sería "el siglo de los niños", llamados a "vivir en libertad y alegría, de acuerdo con las leyes de la naturaleza y por encima de la familia, la escuela y el Estado", que ahogaban su desarrollo personal.

Su voluntarioso vaticinio se hundió en los horrores de aquel tiempo tan pronto el presunto progreso ilimitado prohijara dos pavorosas guerras mundiales (1914-1918 / 1939-1945), entre cuyas víctimas se contaron ellas y ellos, los más vulnerables e inocentes, y de a millones...

En pleno nuevo milenio, la profecía de Key -especialista en ética, ya que no en niños- se ha desvanecido en el olvido. El siglo 21 tampoco los enaltece; baste con revisar lacerantes estadísticas de mortalidad infantil, desnutrición, necesidades básicas insatisfechas, maltrato, abuso de toda índole, violencia familiar, abandono, desamparo, situación irregular (menores "en" la calle y "de" la calle, sin familia), deserción escolar, analfabetismo por irresponsabilidad de analfabetos en el poder, explotación laboral y sexual, entre otras calamidades que supimos conseguir.

La necedad hace de las suyas

En lugar de celebrar el Día del Niño (o de "las infancias", como se propone ahora), sería mejor conmemorar el Día Universal de los Derechos del Niño, previsto para el 20 de noviembre, aunque (con perdón de la Asamblea General de las Naciones Unidas) universales deberían ser los derechos antes que la efemérides. Queda claro que esta fecha sería poco funcional al sentido meramente comercial que se apropia del deseo lúdico de los más pequeños para insistir en que "el día del niño es la promesa de un juguete".

La necedad hace de las suyas: con pandemia o sin ella, se sostiene, contra toda evidencia, que los niños o los menores son "sujetos prevalentes de derecho", pero, en rigor de verdad, nunca prevalecen... No al menos en el diseño de las políticas públicas ni en la consideración social. No alcanza para compensarlos la honrosa excepción de los esfuerzos solidarios de mujeres y hombres que, a la manera de improvisados orfanatos o reservorios de amor, procuran su bienestar a través de acciones en sintonía con lo que tiene de genuino el espíritu de la decisión universal de la ONU, en evocación de la pomposa Declaración de los Derechos del Niño (1959) y de la clamorosa Convención sobre los Derechos del Niño (1989).

Y siguen cazando mariposas...

Ellen Key no vislumbró la indolencia y la estulticia de tanto gobernante. Esa ominosa desconsideración (muchas veces dolosa, ya que, como se ha dicho, "el hambre es un crimen") les arrebata su infancia. Niñas y niños que acaso lleguen a edad adulta sin haber sido niñas y niños, para lo cual no se necesitan juguetes, sino dignidad en su condición y condiciones de dignidad.

Dolorosa e irreductible a la razón, esa desventurada realidad no debe desalentar, sin embargo, la esperanza. Como advertía un poeta, cuya infancia fuera una páramo de desamparo, "un niño perdido llora, pero sigue cazando mariposas"....

Por Gerardo Aquim

  

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