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Flor de la V, en el Día Internacional del Orgullo LGBT+: “Todo lo que tengo se lo debo a que soy travesti”

“Hablo desde un lugar de privilegio, pero eso no significa que yo no la luché", dice la actriz que después de muchos años de carrera, decidió adoptar una postura más activa en la lucha por los derechos de las mujeres trans y travestis. En el día del Global Pride 2020, asegura que todavía "falta mucho para festejar", y reconoce que no siempre se sintió orgullosa de quién es.

Nacionales 28 de junio de 2020
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Flor de la V, en el Día Internacional del Orgullo LGBT+: “Todo lo que tengo se lo debo a que soy travesti”

Hubo un tiempo en que Florencia solo quería ser artista. Quería hacer reír y actuar y tener una carrera. La historia muestra que lo logró, pero no fue sencillo. “Mil veces me faltaron el respeto o tuvieron actitudes violentas por las que nunca me pidieron perdón”, cuenta.

Su voz, que mucho tiempo le significó una carga por sentir que tenía que feminizarla, suena con la misma simpatía siempre, pero ahora lleva una firmeza diferente, un rigor que antes no estaba.

“Sé que hablo desde mi lugar de privilegio, pero eso no significa que yo no la luché, o que no pasé por el aparato opresor y de violencia al que estamos expuestas las trans y travestis. Yo viví todo eso. Me tuve que ir de mi casa a los 17 años. Viví lo que es que tu familia te rechace, que te digan que sos una vergüenza, una desgracia, que no merecés nada… Y hoy siento que no me puedo callar más, que tengo una voz, un lugar, y que lo tengo que usar porque la sociedad sigue invisibilizando la lucha travesti trans”, agrega durante esta entrevista con Infobae con motivo del Día Internacional del orgullo LGBT+.

Desde hace ya más de un mes que viene reflexionando cada semana en una columna de opinión que escribe en Página 12. “Es tiempo de seguir hablando de la lucha, de la mía y de tantas travestis nobles”, dice en una de ellas. “Construí mi propia revolución en contra de esta sociedad injusta desigual y patriarcal. Ese fue mi desahogo, mi furia trava. Y, sin embargo, apenas las heridas vuelven a sanar, se abren de nuevo”, escribe en otro pasaje del mismo texto. Sobre eso, reflexiona.

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—No siempre militaste la causa trans, travesti. ¿Por qué sentís que llegó el momento?

—Yo sí siento que siempre milité por la causa trans y travesti. Muchos pensarán que militar es salir con banderas y pancartas. Pero desde mi humilde lugar de artista como travesti reconocida siempre lo hice. Mi militancia antes era pasiva. Hoy necesito exteriorizarla. Por otro lado, en esta cuarentena se juntaron varias cosas. Me invitaron a ser parte del Consejo Escolar del Liceo Francés, el colegio al que van mis hijos. Y yo acepté ser parte porque me pareció importante estar ahí como una mamá travesti que puede aportar su opinión. Y en un chat grupal de Whatsapp alguien mandó un video de ESI (Educación Sexual Integral). Lo vi y no me sentí representada. Ese modelo de ESI deja afuera a las familias diversas. Y lo dije. Que necesitamos una educación sexual integral no binaria.

—También empezaste a escribir sobre el tema...

—Claro, esa es otra de las cosas que sucedió en la cuarentena, que me propusieron empezar a escribir artículos de opinión. Y como yo no soy periodista me puse a investigar y a leer mucho para escribir. Fui incorporado mucha información de compañeras, eso también influyó. Además coincidió que comencé a escribir mi columna dos semana antes del PRIDE (Mes Del Orgullo LGBTI+), y decidí que era importante dedicar mi columna a visibilizar la problemática trans.

—¿Sos de celebrar el Día y el Mes del Orgullo?

—Para mí falta mucho para festejar. La Argentina necesita un cambio cultural grande. Y esta es una fecha para reclamar por los derechos que faltan. ¿Qué vamos a festejar? Si nos siguen matando, si la violencia y la transfobia para mí creció aún más en la cuarentena. Te soy sincera, cuando era chica pensaba que en unos años iba a ser distinto. Tenía 20 años y decía: ‘para cuando crezca, esto va a haber cambiado'. En ese momento era muy difícil y soporté muchas cosas, pero estaba segura de que era momentáneo. Pasaron más de 20 años de ese entonces y no cambió nada.

—¿No sentís que hubo avances?

—Sí, hubo leyes importantes. La ley de identidad de género, la de matrimonio igualitario, pero la igualdad es que todos tengamos los mismos derechos, y hoy eso no pasa. Las leyes son herramientas. Nunca transforman la realidad absolutamente y muchas veces no se cumplen. Necesitamos un cambio cultural. Y no se soluciona solo con cupo trans, porque el problema es cómo la sociedad mira a las travestis. Yo quiero que podamos tener los mismos trabajos que cualquiera, las mismas oportunidades, que podamos besarnos en la calle como lo hace cualquiera sin que nadie se escandalice…

—¿Qué cosas no cambiaron en el mundo travesti/trans?

—Yo digo travesti porque soy de la época en que la nuestra era la lucha travesti, y me siento identificada con eso y me parece importante. Pero depende de cada quien. La colectiva sigue siendo dejada de lado, no siendo integrada por la sociedad, víctima de la misma violencia de antes… La expectativa de vida de una trans o travesti es de 35 años. Yo no quiero que mis hijos crezcan en ese mundo.

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—¿Te da miedo que comprometerte te quite popularidad?

—No me da miedo hablar. Ya hice todo. Tuve una carrera espectacular. Si alguien me deja de querer porque hablo de estas cosas no me importa, lo siento necesario, no por mi, por la colectiva, y por el mundo que quiero para mis hijos y para todos los niñes que vengan.

—¿Alguna vez hablaste con la mujer que te hizo juicio para que no usaras su nombre y tuviste que cambiar el “de la Vega” por “de la V”? ¿Podés recordarme cómo fue?

—Fue porque una señora que tenía ese nombre hizo juicio y argumentó que “una travesti no podía llevar su nombre, porque era ofensivo”. Y la ley le dio la razón. No hablé nunca, no, ¿qué voy a hablar? Si así era como se pensaba... Y te repito: lo más duro es que yo pensaba que con el tiempo estas cosas iban a cambiar y hoy veo que no, y a veces siento que tampoco van a cambiar en el futuro. Pero yo no me voy a callar. Yo voy a poner todo de mí y junto a la colectiva no voy a parar hasta que se hagan los cambios que se tienen que hacer en la sociedad y en las leyes. Por ejemplo, no voy a parar hasta que no haya una identificación no binaria…

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—En su momento hiciste el cambio de género en el documento. ¿Cierto?

—Sí, a mujer, pero tiene que haber una identificación no binaria. Cuando era más chica pensaba que quería ser mujer, pero me di cuenta que no. Yo quiero ser quien soy.

—¿Siempre te sentiste orgullosa de quién sos?

—¡Nooo! Para nada. Me sentía avergonzada. La sociedad hacía que me sintiera horrible con lo que era. Tuve que soportar basureadas, situaciones horribles, insultos… y muchas veces de personas supuestamente formadas. En el medio mil veces me faltaron el respeto o tuvieron actitudes violentas por las que nunca me pidieron perdón. A mí me eligió la gente y recién con los años pude aprender a entenderme y a sentirme orgullosa de quién soy. Hoy, te lo tengo que decir, tengo que ser honesta: todo lo que tengo se lo debo a que soy travesti.

—Hablaste en uno de tus artículos de aquel programa de televisión en el que participaste, en 1997, siendo entrevistada por Mauro Viale. Lo busqué y lo vi. Es de una violencia insoportable…

—Bueno, en su momento no sabíamos cómo llamarle a eso pero hoy sabemos que eso es violencia de género. Lo volví a ver para la columna, y es tremendo. La pasé muy mal en ese momento.

—¿Te pidió perdón alguna vez?

—No. De hecho lo volví a ver una vez en Polémica en el Bar, nos cruzamos, y nunca me pidió perdón. No fue la única persona igual. Muchas veces pasaron cosas así.

—En la entrevista con Mauro te preguntaba si te habías operado. ¿Existe una vocación del afuera por meterse en las decisiones del cuerpo ajeno?

—En ese momento en que me lo preguntó no sabía lo que quería. No quise operarme nunca y no lo hice, pero no quita que el día de mañana quiera hacerlo. La cuestión no va por ahí, y eso es parte de lo que tenemos que entender. No hay que pensar cómo debe ser el cuerpo del otro. Hay que respetar, nada más. Respetar el cuerpo y las decisiones ajenas.

—Si pudieras decirle algo a la Florencia de aquella época, a la que fue a ese programa… ¿Qué le dirías?

—No, no le diría nada. Simplemente me dan ganas de abrazarla.

—En su momento hiciste el cambio de género en el documento. ¿Cierto?

—Sí, a mujer, pero tiene que haber una identificación no binaria. Cuando era más chica pensaba que quería ser mujer, pero me di cuenta que no. Yo quiero ser quien soy.

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—¿Siempre te sentiste orgullosa de quién sos?

—¡Nooo! Para nada. Me sentía avergonzada. La sociedad hacía que me sintiera horrible con lo que era. Tuve que soportar basureadas, situaciones horribles, insultos… y muchas veces de personas supuestamente formadas. En el medio mil veces me faltaron el respeto o tuvieron actitudes violentas por las que nunca me pidieron perdón. A mí me eligió la gente y recién con los años pude aprender a entenderme y a sentirme orgullosa de quién soy. Hoy, te lo tengo que decir, tengo que ser honesta: todo lo que tengo se lo debo a que soy travesti.

—Hablaste en uno de tus artículos de aquel programa de televisión en el que participaste, en 1997, siendo entrevistada por Mauro Viale. Lo busqué y lo vi. Es de una violencia insoportable…

—Bueno, en su momento no sabíamos cómo llamarle a eso pero hoy sabemos que eso es violencia de género. Lo volví a ver para la columna, y es tremendo. La pasé muy mal en ese momento.

—¿Te pidió perdón alguna vez?

—No. De hecho lo volví a ver una vez en Polémica en el Bar, nos cruzamos, y nunca me pidió perdón. No fue la única persona igual. Muchas veces pasaron cosas así.

—En la entrevista con Mauro te preguntaba si te habías operado. ¿Existe una vocación del afuera por meterse en las decisiones del cuerpo ajeno?

—En ese momento en que me lo preguntó no sabía lo que quería. No quise operarme nunca y no lo hice, pero no quita que el día de mañana quiera hacerlo. La cuestión no va por ahí, y eso es parte de lo que tenemos que entender. No hay que pensar cómo debe ser el cuerpo del otro. Hay que respetar, nada más. Respetar el cuerpo y las decisiones ajenas.

—Si pudieras decirle algo a la Florencia de aquella época, a la que fue a ese programa… ¿Qué le dirías?

—No, no le diría nada. Simplemente me dan ganas de abrazarla.

Fuente: Infobae

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