Alta Gracia: ¿Por qué nadie protegió a la virgen pintada?

Sociedad 30 de noviembre de 2019
Los yuyos primero, las tapias y los alambrados más tarde fueron cercando la obra. Ya está dentro de la propiedad (o la posesión) de alguien, cuando debiera haber sido de todos.
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Alta Gracia: ¿Por qué nadie protegió a la virgen pintada?

Uno, en su andar periodístico recogiendo historias, recorriendo calles y rincones de la ciudad, termina preguntándose: ¿Qué hace falta para que un sitio sea declarado como Patrimonio Cultural e Histórico de la ciudad?

Haciendo un esfuerzo de imaginación, este periodista comienza a enumerar condiciones que debieran cumplirse:
1) Que el sitio o la obra en cuestión haya sido fruto de la creatividad de un reconocido artista,
2) Que durante años ese lugar se hubiese convertido en punto de encuentro, reunión o devoción por parte de locales y foráneos,
3) Que la obra sea única, irrepetible y auténtica,
4) Que haya figurado en los libros que cuentan y describen la historia de Alta Gracia,
5) Que las guías de turismo de cuando la ciudad recibía a los visitantes en sus más de 50 hoteles tuvieran en cuenta el sitio o la obra en cuestión...

Y así, uno desde el desconocimiento, de puro amante de la ciudad que es, podría ir enumerando fundamentos por los cuales un sitio o -en este caso una obra artística- debiera ser considerado Patrimonio Cultural de la ciudad.

La Virgen de la Piedra
La Virgen Pintada, o Virgen de la Piedra (a esto nos estamos refiriendo) fue obra de dos reconocidos hombres del arte argentino, cuya fama trascendió las fronteras del país.

Retrata a la Virgen del Perpetuo Socorro y la pintura fue realizada con Juan Antonio Spotorno, con la colaboración de Juan Antonio Ballester Peña. No hace falta más que buscar en los libros de la historia del arte argentino para enterarse de la fama y la trascendencia de ambos.

La pintura data de antes de 1930, tiempos en que Spotorno, nacido en Buenos Aires, pero durante muchos años vecino de Alta Gracia, recorría cada mañana el camino entre su casa en calle Carlos Tejedor y aquella bellísima zona del arroyo ubicada entre La Rinconada y La Chirola. “Se lo veía trabajar en esta pintura de la Virgen por las mañanas hasta el mediodía, porque después el sol podía estropear la pintura fresca”, describe Jorge Mazzucco en su libro “Alta Gracia olvidada”.

Locales y turistas
Durante años, fueron muchos los vecinos de Alta Gracia que se congregaban en torno a la pintura para alzar sus oraciones a la Virgen.

A mediados del siglo XX, las guías de turismo que ofrecían el producto Alta Gracia al mercado turístico, utilizaban una página para mostrar y hablar de la “Virgen de la Piedra”.

Regularmente, desde el centro de la ciudad, partían caminatas guiadas, con turistas de todo el país, para visitar aquel famoso peñasco con la imagen de la Madre de Jesús.

Como si esto no alcanzara, no faltaron quienes elevaron la pintura al grado de mística y hasta le atribuyeron algunos milagros o “ayuditas”.

Dicen que no hay peor enemigo que el olvido. A esto habría que sumarle la desidia, la voracidad inmobiliaria, el desprecio por el arte y la cultura. Todo ello ha resultado con el paso de los años en un combo cómplice que engulléndose a la Virgen Pintada entre pintorescas casas de nuevos ricos, alambrados impertinentes y loteos que no resisten muchos análisis.

Intentos frustrados
En agosto de 2014, el Arquitecto Luis Rosanova presentó al Concejo Deliberante una nota solicitando a los miembros del cuerpo declaren como Bien de Interés Cultural e Histórico a la obra conocida como “La Virgen Pintada”. 

La idea, durmió el eterno sueño de los justos sin que a nadie le despertara la menor vergüenza.

Los yuyos primero, las tapias y los alambrados más tarde fueron cercando la pintura. Ya está dentro de la propiedad (o la posesión) de alguien, cuando debiera haber sido de todos.

Fundamentos había, razones sobraban. Es evidente que lo único que nunca hubo fue intención. Una verdadera pena.

Fuente: Juan Carlos Gamero (Cosas Nuestras) -Foto: Luis Rosanova .

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